Aportación social de las turbinas eólicas:
Entre
las particularidades de las comunidades agrarias de la región del Istmo de
Tehuantepec, cabe reseñar que no existiese hasta hace pocos años un movimiento
campesino organizado, sino más bien una constante agitación teñida de matices
étnicos. Así, la gran mayoría de las comunidades movilizadas han sido
remanentes de grupos indígenas secularmente controlados por la burguesía
agraria estatal, teóricamente con los mismos derechos formales que el resto de
los ciudadanos del país Entre los afectados por los proyectos del CET destaca
el campesinado indígena, cuya valoración al respecto ha sido divergente. Así,
según el diario El Universal mientras en La Ventosa los propietarios exigían a
las empresas, en especial a Iberdrola, que acelerase la instalación de los
parques eólicos; en otras zonas como Juchitán la comunidad se oponía al
proyecto por los retrasos en recibir las rentas derivadas de la explotación, la
existencia de cláusulas abusivas, la negativa a contratar trabajadores locales
y la falta de compensaciones a las administraciones locales. Javier Balderas,
director del Centro de Derechos Humanos Tepeyac, sostiene que el proyecto del
CET se ha llevado a cabo despojando de sus tierras a los pueblos originarios.
Según Balderas, el gobierno mexicano habría violado el Convenio 169 sobre
Pueblos Indígenas y Tribales de la Organización Internacional de Trabajo, al
negar a los indígenas el derecho a la consulta acerca de la explotación de los
recursos naturales de sus tierras, e impedirles el derecho a participar en el
uso, administración y conservación de los mismos. 5 Entre las hipótesis a
considerar como explicativas de estas diferencias, pueden citarse el diferente
trato otorgado por cada empresa a los habitantes de la zona donde opera, el
distinto grado de asimilación indígena o la existencia de disputas étnicas.
Según Díaz Montes, en Oaxaca ha existido un tratamiento respetuoso de la
autonomía indígena pero también un feroz conflicto entre aldeas. Por su parte,
Eisenstadt observa que tras décadas de políticas estatales para asimilar las
comunidades indígenas de Oaxaca (por ejemplo, en 1995 las autoridades aceptaron
el derecho consuetudinario indígena para seleccionar los líderes locales) había
devenido una orientación más proclive al estatalismo que al indigenismo entre
los habitantes originarios.
Aparentemente,
muchos campesinos analfabetos, con formación básica, o incluso sin hablar y
entender el español habrían firmado contratos de arrendamiento con cláusulas
abusivas con representantes de las empresas a lo que se sumaría el hecho de que
las tierras son comunales y que el régimen ejidal impide pactar con
particulares y que, según Trejo en La Venta no hubiese autoridades agrarias que
velasen por las tierras de los comuneros. La relevancia del asunto llevó a su
discusión en pleno en el Congreso del Estado de Oaxaca. Algunos de los hechos
denunciados por los grupos indígenas no son desconocidos para las autoridades
españolas. Así, en la Guía País de la Oficina Económica y Comercial de España
en México, tras reconocer el potencial eólico, cifrado en 10.000 MW como
oportunidad de inversión, se señala que: "México enfrenta una serie de
problemas que limitan el desarrollo de la energía eólica, como la carencia de
una red de transmisión adecuada para la evacuación de la energía eléctrica
desde los puntos de generación hasta los puntos de consumo o la localización y
uso del suelo, pues la mayoría de recursos eólicos se encuentran en tierras
regidas por comunidades agrarias, lo cual dificulta el proceso de negociación y
venta"
Una
idea de la magnitud del problema, es que de los cerca de 1.500 campesinos que
arrendaron sus terrenos para el CET, 300 (un 20%) trataban de revertir los
contratos por considerar exiguas las retribuciones. También, la Asociación
Mexicana de Energía estimó que existían alrededor de 4 mil hectáreas en litigio
en La Ventosa por los proyectos eólicos, cuyos propietarios deseaban cancelar
los contratos vigentes. En Juchitán, los campesinos marcharon para interponer
ante el juzgado civil 94 demandas de nulidad de contratos con las empresas
españolas, sumando 205 demandas en ese municipio y en Unión Hidalgo. El
argumento era que los contratos estaban amañados y que los campesinos no fueron
"consultados ni tenidos en cuenta como lo establece el artículo 169 de la
OIT". Mariano López, integrante del colectivo, señaló: "Esas empresas
españolas engañan a nuestros campesinos: ofrecen pagos miserables. Por eso,
ellos quieren cancelar el contrato con estas empresas mentirosas". A estas
reclamaciones se sumaban las demandas sociales de los campesinos, quienes
emplazaron a empresas como Iberdrola para que realizase obras sociales en la
comunidad como: "el equipamiento del centro de salud, ampliación de la red
de agua potable, pavimentación de las calles, la construcción de un mercado
público, parques recreativos y una casa de cultura", dado que no estaban
conformes con los precios. Tales reclamaciones continuaron en 2009,
incluyéndose peticiones como el suministro eléctrico gratuito a los domicilios
y servicios públicos locales, debido a las protestas contra las altas tarifas
eléctricas y las demandas del campesinado por pagos justos. Los ejidatarios de
La Ventosa se quejaban también por la falta de transparencia de las compañías,
afirmando que durante los seis primeros meses tras la puesta en funcionamiento
del
Parque en La Ventosa "Iberdrola, propietaria de Parques Ecológicos de
México, no nos está pagando lo que convenimos". Sin embargo, la compañía
declaró que los pagos fueron bajos por problemas de evacuación de electricidad,
al sólo operar cinco aerogeneradores de los 84 existentes, solicitando los
campesinos a cambio que se les mostrase mensualmente la tabla de generación
eoloeléctrica y la revisión del contrato cada cinco años. López de Uralde,
director ejecutivo de Greenpeace España en aquel momento, habló de una doble
moral en el caso de la energía eólica en México. Tras señalar que en España los
pobladores de los lugares en los que se han establecido los parques eólicos se
han visto muy beneficiados porque las empresas eléctricas les pagan precios
justos que incluso les permiten tener vacaciones pagadas por el alquiler de sus
tierras, afirmaba que "los contratos entre compañías y comunidades donde
se construyan plantas generadoras de electricidad con energías renovables deben
ser transparentes, contar con una perspectiva de respeto y fortalecer las
estructuras comunitarias" . El conflicto seguía vivo en 2009, alcanzando
rasgos de violencia en las protestas campesinas por incumplimientos en las
obras del parque Eurus entre ellas: el pago de bajos salarios, despidos
de trabajadores de la comunidad, no contratación de camioneros locales y uso de
tierras sin permiso para construir una planta de energía e instalar
aerogeneradores.
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